OTOÑO EN ALBACETE

OTOÑO EN ALBACETE
Fiesta del Árbol

sábado, 30 de julio de 2016

ANFITEATRO ROMANO DE LAS ARENAS DE ARLÉS ( Provenza, Francia )


Este monumento de época romana situado en la ciudad francesa de Arlés  es también  conocido como Las Arenas (Les Arenes, en francés). Se trata de un anfiteatro, similar y de la misma época constructiva que el que se encuentra en la vecina ciudad de Nimes. En ambos casos se celebraban espectáculos y luchas de gladiadores en los primeros siglos de nuestra era. En la actualidad  se celebran festejos taurinos de los que en el sur de Francia hay una gran tradición.
    La historia del Anfiteatro de Arlés comienza en el siglo I y se construye poco después que el Coliseo de Roma, sobre los años 90, con el cual tiene muchas similitudes constructivas. Su tamaño es más reducido y aún así es  muy considerable, ya que en su interior cabían hasta 20.000 espectadores. Hay mucha polémica sobre su grandiosidad y el lugar que ocupa entre los grandes anfiteatros romanos del mundo. No obstante, no siempre ha sido un recinto exclusivo para espectáculos, ya que durante la Edad Media, el anfiteatro romano de Arlés se transformó en fortaleza y en su interior se construyeron hasta 200 casas y hasta dos capillas para el culto religioso.
Tuvo que ser en el año 1825 cuando se decidió devolverle su aspecto original. Y fue una rehabilitación que impulsó el escritor Prosper Merimée, famoso sobre todo, por su novela que inspiró la ópera Carmen, que, además de  ser un gran literato, también fue un personaje extraordinariamente culto que dominaba varios idiomas, tenía estudios de leyes y, especialmente, era un gran historiador y arqueólogo. Razones por las que promovió la recuperación de Las Arenas de Arlés.
No obstante, tras aquella primera intervención en la recuperación del Anfiteatro, se llevó a cabo una mejor y más profunda restauración. No solamente se recuperó su aspecto original, sino que en el proceso de reconstrucción  se reutilizaron materiales originales. Cuando fue necesario, se  esculpieron  nuevas piezas de piedra extraídas de las mismas canteras romanas, trabajadas con los antiguos criterios y formas como los originales
Visualmente se diferencia claramente la parte original de la  histórica, algo que siempre provoca cierta polémica y que, al mismo  tiempo,  no pretende engañar al visitante con una edificación  de cartón piedra como, desgraciadamente, sucede en tantos lugares.
  Junto a nueve monumentos más de Arlés, el anfiteatro forma parte de listado del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO. Además, al Anfiteatro de Arlés y a su incontestable valor histórico, le suma que  en sí mismo es un  gran motivo de inspiración artística, ya que fue un lugar que pintó en varias ocasiones el pintor holandés Vincent Van Gogh durante su estancia arlesiana. Momento en el que creó algunas de sus obras maestras, como Café de noche o La Casa Amarilla . Su presencia forma parte en la  actualidad de la Ruta Van Gogh por la ciudad.
Ir a Arlés y no visitar el resto de sus monumentos Patrimonio de la Humanidad podría considerarse como un  sacrilegio. Casi con la misma y rotunda  importancia que el anfiteatro, se han de visitar los siguientes monumentos: el Teatro Antiguo, los Criptopórticos ( el Fórum subterráneo), las grandiosas  Termas de Constantino, Les Alyscamps ( necrópolis  romana y paleocristiana  e Iglesia de San Honorato), el Claustro e iglesia de Saint- Trophime, Ia Tour des Morgues, construída al final de S.I antes de Cristo…
Arlés está en la Provenza. Se ha de  pasear por sus calles,  disfrutar de su arquitectura, de los increíbles paseos a lo largo del Ródano y degustar su deliciosa cocina provenzal. Eso sí, si podéis, gozad de todo esto en primavera o en otoño. En verano, las altísimas temperaturas, nada envidiosas de las de Córdoba, os llevarán a “emborracharos” con la bebida de la región, el Mónaco. A mí, en verdad, me encantó y, entre arte y arte, unas buenas jarras de esta refrescante bebida, me alegraron el día.
Y en mi propio beneficio.

José Luis López  Terol
(Arlés, 28 de julio de 2016)










domingo, 12 de julio de 2015

CONGRESO EXTRAORDINARIO DE  DE  UPyD: REFLEXIONES
( Juan Francisco Cortés Santiago)

Estoy de vacaciones, en Francia, mi otra patria. Sin embargo mis mirada y reflexiones están puestas en España, más concretamente en UPyD. El motivo de tan poco bucólicos pensamientos es la celebración del Congreso Extraordinario de dicho partido ayer, sábado 11 de julio. En él, la líder del partido, Rosa Díez, se despedía emocionada ante la afiliación reunida en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Pero el Congreso no se convocó sólo para despedir a su líder, sino para dar paso a un nuevo Consejo de Dirección. Cuatro candidaturas, todas ellas exentas de avales, concurrieron a dicho proceso.
Desde un punto de vista mediático, dos eran las candidaturas que más jugo ofrecían. La exonimamente llamada oficialista, “Unidos por UPyD”, encabezada por Andrés Herzog, el abogado que estuvo al frente de la querella contra Bankia, y Gorka Maneiro, el único diputado de la formación magenta en el Parlamento Vasco.
Por otro lado, “Renovadores de UPyD”, encabezada por la escritora, filóloga y diputada nacional Irene Lozano, gran apoyo de Zaida Cantera. Candidatura en cuyas filas se encuentra el ex diputado nacional y ex candidato a la Generalidad Valenciana, Toni Cantó.
Me declaro simpatizante - no oficial - de UPyD  por diversos motivos que no procede exponer por ahora. Y vaya por delante que, antes de que se anunciaran las diferentes candidaturas, yo ya tenía cierta predilección por Gorka Maneiro. Considero que ha realizado una ingente labor en el Parlamento Vasco, desde su soledad, su franqueza, valentía y espíritu progresista y conciliador.
El caso Sosa Wagner me dejó un sabor amargo. No me corresponde entrar a valorar el trabajo de nadie, ya que, entre otras razones,  carezco de datos que sólo algunos manejan. Ahora bien, me tomaré la licencia de afirmar que muy desafortunados fueron algunos comentarios o “adjetivos” que ciertos diputados nacionales vertieron sobre el ex eurodiputado. En defensa de Irene Lozano, recordaré que pidió disculpas públicas.
El asunto de Ciudadanos es, cuando menos, espinoso. Podríanse enumerar diferencias programáticas y actitudinales entre ambas formaciones para justificar la negativa de los magenta a pactar. Gestación Subrogada, querellas y denuncias judiciales contra corruptos y golpistas constitucionales, elecciones orgánicas sin avales, política impositiva, Custodia Compartida, Sanidad Universal, y un largo etcétera. Todas ellas salvables, si se quiere.
Pero es que, si ambos comparten el diagnóstico de que la igualdad social, económica y territorial de los españoles ha sido mermada en gran medida por los nacionalismos periféricos, donde C’s propone un “Gran Pacto de Estado” por la Educación, sin osar replantearse el modelo competencial, UPyD, desde sus inicios se ha posicionado a favor, y sin paliativos, de devolver las competencias de Sanidad y Educación al Estado. Y lo que, a criterios de algunos, pueda parecer un mero capricho no es sino la consecuencia lógica de la asunción por parte de los magenta de que el arma más valiosa para un nacionalista es la Educación. Ningún pacto de Estado impedirá que el nacionalismo adoctrine en las aulas dado que en ello va su supervivencia. No huelga recordar que el Gobierno Autonómico Catalán se ha negado sistemáticamente a cumplir las resoluciones judiciales y los artículos de la LOMCE relativos al bilingüismo. Por ello, el único garante de la igualdad en materia de Educación y Sanidad ha de ser el Estado. Y eso es innegociable.
Volvamos al Congreso Extraordinario. Ha ganado la Candidatura de Herzog y Maneiro frente a la de Lozano. Y por un estrecho margen. Quiero pensar que lo esencial a ojos de todos sigue siendo el proyecto único que representa UPyD para España. Quiero pensar también que la candidatura ganadora tendrá en cuenta el apoyo que han recibido Irene Lozano y los renovadores. Quiero pensar que Irene Lozano es un gran activo para el partido. Una mujer luchadora, comprometida, abierta, solidaria y de consensos. Quiero pensar que la formación magenta necesita a Irene Lozano. Quiero pensar que no me he equivocado. Por UPyD. Por España.
                                           





martes, 7 de julio de 2015

IDENTIDAD, CULTURA Y POLÍTICA I
NELSON MUÑOZ DÍAZ 

Nelson Muñoz Díaz nace en Maldonado, Uruguay, en un día de otoño del hemisferio sur de 1946. Su infancia, adolescencia y juventud transcurren en el seno de una familia humilde y trabajadora de la sociedad fernandina.
Fue partícipe de una enseñanza pública, laica, gratuita y obligatoria de un nivel reconocido internacionalmente.
Buen lector desde sus años mozos, se interesa por los temas sociales, políticos y filosóficos. Amante y seguidor del urbanismo, la arquitectura, la plástica, el arte, el cine, la literatura, el arte y los viajes.
Ya en el Liceo, cursa el grado preparatorio en Derecho, pero finalmente se decanta por la filosofía, disciplina en la que nunca llega a graduarse.
La convulsa situación política del Uruguay en la década de los setenta y las nulas posibilidades de progresar en su ciudad natal lo llevan a Buenos Aires, ciudad en la cual estudia y trabaja en la Secundaria, dentro de la Enseñanza  Privada.
Su militancia política en Uruguay le ocasiona graves problemas tanto en su país natal como en Argentina. Sintiéndose perseguido y en ojo de mira de las dictaduras de dichos países,  se ve obligado a “emigrar”  a Barcelona, España.
Trabaja en diferentes menesteres para poder sobrevivir. La buena acogida de los españoles y su solidaridad le permiten una subsistencia más digna, al mismo tiempo que posibilitan que inicie estudios de magisterio, que felizmente acaba en 1985, especializándose en Filología Hispánica. Dos años después aprueba las oposiciones de Educación Primaria y se convierte en funcionario del Estado. Ejerce la docencia en múltiples lugares de la geografía catalana. En el 2011 se jubila.
Participa activamente en debates políticos, tanto en la prensa como en las redes sociales. Su infinidad de artículos, todos ellos muy celebrados y reconocidos,  abarca diferentes temas como el laicismo, el fundamentalismo islámico, el ecologismo, la defensa de los derechos de los homosexuales, la situación política uruguaya, situación económica de España y un largo etcétera temático.
De pluma afilada y concisa, enriquecida con un espléndido vocabulario, incide exitosamente en los relatos cortos. Todos ellos de una complejidad estructural casi borgiana. La presencia de Onetti y Benedetti es muy perceptible en todos sus textos,  así como en todo su mundo literario.
Existe el proyecto de una recopilación de todos ellos para una futura publicación.


1.   Naciste en Uruguay y llevas viviendo más de la mitad de tu vida en España. ¿Crees que el origen  define la entidad personal?

     Concibo la identidad personal como un proceso en construcción. Sin embargo, eso no quiere decir que el edificio de la identidad no esté hecho de rasgos permanentes, de conciencia reflexiva, de fisonomías íntimas y de surcos vitales que nos caracterizan como sujetos frente a los demás.
  Nuestra identidad es un quehacer en perpetuo montaje, una obra individual llena de enlaces, ajustes, desajustes y articulaciones que consta de raíces y rasgos, muchos de los cuales son hereditarios o innatos, directamente relacionados con el fondo de nuestro propio universo interior y con la geografía y las circunstancias en la que se desarrolla nuestra vida, sobre todo la inicial.
   Bajo dichas circunstancias, sobre todo las sociales y económicas, circunstancias no siempre inamovibles, creo que el origen de nuestro nacimiento define nuestra identidad personal, ese conjunto de atributos y particularidades que ejercen una influencia extraordinaria en la especificidad de nuestra existencia personal.

2. ¿El hecho de  pertenecer a una comunidad con sus características particulares  ha influido  en tus sentimientos como ciudadano o en tu visión de la vida?

  Como a todo bicho viviente a mí también me ha influido la genética. He heredado mis genes de una familia trabajadora, elementos biológicos que han tenido una influencia elemental, un porcentaje considerable en el perfil de mi carácter y mi temperamento. Familia proletaria, ambiente social y cultural pobre, genes, educación y un contexto uruguayo en franca decadencia institucional han influido, y todavía se manifiestan, de forma irrefutable en el desarrollo de mi temple emocional y social, en mi conciencia de ciudadano, en mi relación conmigo mismo y con el mundo y en mi educación primera. Del mismo modo, dichos genes han terciado en una constitución física y anímica proclive al pesimismo y al desánimo.
  Uruguay ha tenido un predominio concluyente en mi vida, pero también la ha tenido España, el lugar donde he crecido como persona y donde tengo amigos entrañables. España, Cataluña y Barcelona componen la geografía humana y física donde me he ganado el pan y donde he aprendido muchas cosas, donde se ha configurado mi autonomía personal, una emancipación propia que ha encontrado grandes cuotas de libertad para respirar y para desenvolverse en una atmósfera vivificante que nunca antes había conocido.
   Si el acopio de vivencias dice algo, aseguro que a estas alturas de mi vida soy más español que uruguayo, más catalán que fernandino. Llevo más de cuarenta años viviendo fuera del lugar donde nací, integrado, por lo menos así lo creo, en una Cataluña y en una España que me han acogido con generosidad y cobijo, de forma extraordinaria.  Desde este reconocimiento respondo a tu pregunta.
   Aunque a veces no lo parezca, declaro, también, que no me olvido jamás de mis orígenes bien humildes ni del lugar en el que he crecido como niño y como joven. Soy hijo de una familia proletaria de un Uruguay que llevo en mi corazón junto con esta sociedad, este país que para mí sigue siendo extraordinario, que me ha adoptado y me brinda oportunidades para estar relativamente satisfecho de mi propia existencia.
   Soy hijo de las circunstancias como todo hijo de vecino. Hay instantes en que me rindo a la desesperanza y existen otros en que me entrego a la felicidad que transmiten los pequeños placeres. A veces creo que soy libre y que mis opiniones y mis apreciaciones están hechas de la conciencia de mis propios actos, cuando, en verdad, obedecen a la inocencia de las causas que determinan todas las cosas.

3.   Creo que eres una persona enriquecida por una doble mirada. Por un lado está tu perspectiva  latinoamericana y por otro la europea. ¿En cuál de ellas te sientes más cómodo?

Llevo  40 años residiendo en Barcelona. Esa es una de las razones, no  la más importante, por la que me siento más cómodo viviendo en Cataluña,  España. Reconozco, no obstante, que no hay día que no acudan a mi espíritu las emociones, los sentimientos, los asuntos y los contenidos esenciales relacionados con las vivencias experimentadas en el país donde nací.
Me reconozco en el ambiente provinciano de un Maldonado muy lejano, aletargado y apático y en un sinfín de vicisitudes acaecidas en los paisajes del este uruguayo, que se van difuminando en el universo de un olvido involuntario.
      A estas alturas de la partida que me ha tocado jugar, una existencia enriquecida por dos perspectivas contrastadas y a la vez abatida por las numerosas circunstancias de mi propia historia personal y familiar, tengo que reconocer que los influjos y las perspectivas de mi existencia constan de cuantiosos ángulos, aristas y puntos de fuga. Tengo que aceptar, asimismo, que el pragmatismo nunca ha sido mi fuerte, que percibo el firmamento con muchas dosis de idealismo, que soy un sentimental sin corrección, que he aprendido mucho más de la perseverancia que de mi propia inteligencia. Una comprensión costosa de las cosas que, al día de hoy, soy incapaz de evaluar, y que, sobre todo, he aprendido a ver, contemplar y valorar los contextos que han abarcado y que todavía me abrazan y a relacionarme con la realidad de acuerdo a mis propias demarcaciones existenciales. Las configuraciones de mi existencia se han venido construyendo con escasos elementos, con muy pocos éxitos y con cuantiosos ensayos y caídas.  
Las perspectivas por las que me preguntas lidian contra las dificultades de mis limitaciones mentales y merman sin solución de continuidad a medida que me hago más viejo. La retentiva latinoamericana camina errática en dirección a un abismo insondable. La representación europea me lleva a los momentos más felices de mi vida y me deja a las puertas de un devenir confuso, en los muros de un mañana hermético e imposible de escudriñar. Me abandona al borde de una dimensión misteriosa por la que aspiro a partir entre el retiro y el silencio.

4. ¿Hay conflicto entre ellas

No hay conflictos entre esas dos perspectivas, entre esos dos universos, entre esos dos trayectos de un mismo bosquejo vital, de un mismo camino hacia mí mismo. Son perspectivas que percibo yuxtapuestas y que se han complementado, recíprocamente, en ese apasionante y único acto de sobrevivir, en ese transcurso colmado de avatares y cambios  que me han permitido disfrutar de una cierta emancipación y algunas libertades.

5. Hablemos de emociones: ¿es fácil convivir con una dualidad  afectiva e  identitaria  sin caer en contradicciones?

   Soy una persona algo primitiva que se expresa habitualmente bajo una conducta emocional, bajo un comportamiento que, lejos de encerrarme en incomunicaciones, algunas veces me permite trascender. Soy esencialmente discordante y hasta incongruente. Soy  apasionado, pero eso no significa que no tenga frenos, que mis afectos sean efímeros, que  no tenga empatías, que no sopese las reflexiones, que no pueda identificarme con las alegrías, los sueños y las peripecias que experimentan los demás. Soy esencialmente contradictorio, vehemente, sentimental y a pesar de todo ello puedo establecer vínculos regulares y duraderos con otros seres humanos y con mi propio pasado.
   Amo a España, amo a Cataluña y, por distintas razones, sigo apegado al Uruguay.  Confieso que con frecuencia experimento, también, la ambivalencia anímica con todo a lo que se refiere al país donde nacimos, un estado espiritual que por lo general refleja emociones, afectos y críticas de valencias de signo positivo y negativo.

6. ¿Crees que en tu visión de la realidad del país hoy día se mezclan sentimientos emocionales que te impiden objetivar lo que allí está pasando?

Mi visión de la realidad uruguaya está impregnada de subjetividad, principalmente de afectividad, de simpatías, de esperanzas, de escasas idealizaciones y de deseos de progreso para la población humilde del país en que nací. Pero también está movida por la objetividad y la crítica, por una perspectiva analítica que trata de descubrir las luces, las sombras y las raíces de los pequeños éxitos, los conflictos humanos y sociales y las dificultades de la gente corriente como yo.
Teniendo en cuenta que la realidad no es una cuestión sujeta a la invariabilidad, mi visión del Uruguay de hoy se sostiene sobre una información cotidiana, sobre los mensajes y conversaciones por internet, por una información fundamentalmente periodística que da cuenta de las circunstancias que fluyen en la nación del río de los pájaros pintados.
Con independencia de mi forma de pensar, sentir o concebir el país donde nací, mi contemplación sobre él, de su presente y su pasado, se detiene en su humanidad, registra sus movimientos, sus problemas y vicisitudes, pone su enfoque sobre una ciudadanía que trabaja con la realidad para cambiarla, que actúa para manifestar que la situación política, social y económica es transformable y que los cambios para bien, para el bien de todos y no de unos pocos, son posibles.
Matizar en este tipo de trabajo es muy importante para no caer en injusticias ni maniqueísmos ni afirmaciones simplistas o excesivamente reduccionistas. Es un arte que cuesta dominar.

7.Podríamos decir que España es una democracia todavía inmadura. ¿Como uruguayo, podrías reflexionar sobre esta frase?

  ¿Se puede asegurar que nuestra democracia es realmente pujante y que está definitivamente consolidada cuando la ideología que domina el poder debilita el Estado de Derecho y el Estado de Bienestar, cuando los poderes, que son los que deberían dar ejemplo, los que interpretan y aplican la ley y la justicia, no son siempre congruentes y proporcionados?
  ¿En verdad se puede hablar de Estado social y democrático de Derecho, de un sistema de libertades y obligaciones maduro y garantista, con una cierta calidad democrática, cuando, una y otra vez, los discursos oficiales y de un sector de la clase política en la oposición son profundamente demagógicos, cuando se ponen paños calientes a los problemas generados por una crisis injusta, por un neoliberalismo rampante, cuando se exige austeridad sólo a las capas más indefensas de la población, cuando no llegan nunca, o llegan mal y tarde, las soluciones para la mayoría, cuando existe escaso o nulo interés en atajar las desigualdades económicas y sociales, cuando para contener la conflictividad social creciente se implementan leyes mordazas, cuyo único propósito es defender las prerrogativas de las minorías ricas y mimadas?
  ¿Se puede hablar de democracia consolidada cuando ésta  ha sido convertida en un sistema electoral permanente, cuando nuestros gobernantes y nuestra clase política en general terminan de pasar elección e inmediatamente comienzan a actuar pensando en la siguiente?
    Una democracia madura separa categóricamente el Poder Judicial del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo, cuestión cardinal que en la actualidad, bajo el mando del Partido Popular, deja mucho que desear. Una democracia madura no sólo respeta a rajatabla la aconfesionalidad manifestada en la Constitución española, sino que promueve el laicismo, un sistema de garantías que prescinde de proselitismos religiosos o político en las instituciones del Estado, un sistema de convivencia basado en el principio de separación de la sociedad civil y de la sociedad religiosa. El Estado laico jamás combate las religiones que respetan la paz social, la pluralidad, la buena convivencia, todas las razones reflejadas en nuestro marco constitucional. En un Estado verdaderamente democrático sobran los concordatos, ya sean con la Iglesia Católica o con otras confesiones religiosas.
  En una democracia de calidad la clase política y la ciudadanía promueven de forma conjunta y sistemática la calidad de la sanidad pública, una sanidad  que en España, hasta hace cuatro años, era famosa en el mundo por la eficacia y calidad de sus servicios, unas prestaciones que lamentablemente hoy están sufriendo los embates brutales de las políticas de la derecha española en el gobierno del país. En una democracia de calidad todos sus protagonistas, sean representantes o representados, se preocupan seriamente por la transparencia y por la excelencia pedagógica en la educación pública. Luchan juntos contra el fraude fiscal, contra la corrupción política y empresarial y contra la economía sumergida.
   Una democracia madura suele triunfar sobre el paro excesivo y sus consecuencias dramáticas y suele poner todos los recursos a su alcance para que sus investigadores, científicos y jóvenes con preparación no se vayan del país.
   No existe una democracia real con una tasa de paro que ronda el 25%, cuando en realidad existen recursos para subsanar semejante tragedia humana y social. 
   No se fortalece el sistema democrático imponiendo más austeridad, aplicando una rigidez económica financiera que, sobre todo, ha patrocinado y ha impuesto la derecha española bajo el  paradigma económico de la severidad expansiva, una austeridad que sólo ha servido para llevar al borde de la miseria a millones de ciudadanos españoles, para hacer más ricos a los multimillonarios y para que las mafias empresariales, nacionales e internacionales, campen por sus respetos.
   No es con indiferencia oficial que se reparan las desigualdades que produce el sistema, sino practicando la redistribución de la riqueza y poniendo los elementos económicos, presupuestarios, fiscales y políticos para conseguir dicha reparación.
   Un sistema con controles democráticos facilita el establecimiento de empresarios que no despiden sin ningún coste, que no basan sus ganancias en la súper explotación y en salarios de hambre, sino en la modernidad y la innovación.
   Un sistema democrático maduro impulsa la democracia participativa y combate la desafección social con la política. No es indiferente a los dramas humanos y sociales que producen los desahucios o la exclusión social. No permite que se haga triunfalismo con la creación de un empleo precario y con salarios mínimos, propios del Tercer mundo, que dejan a los trabajadores sin ninguna protección, a merced de la temporalidad, los abusos empresariales y una esclavitud laboral que se está pareciendo a épocas que parecían definitivamente superadas.
   Salta a la vista que la democracia española es perfectible y que, hoy por hoy, está necesitada de reparaciones o transformaciones perentorias, sobre todo ahora, cuando finaliza una administración, la del gobierno del Partido Popular, caracterizada por castigar sin tregua, mediante el rodillo de la mayoría absoluta y las políticas económicas neoliberales, no sólo a los ciudadanos, sino a todas las institucionales del Estado de Derecho, a un Estado que se rige por un sistema, de leyes e instituciones, ordenado en torno a una Constitución aprobada por el pueblo, por una Carta Magna que también está necesitada de modificaciones que deberían ser refrendadas por la voluntad popular y no por las premuras oficiales del gobierno de turno.
   Desde este punto de vista, el de la perfectibilidad de nuestro sistema de garantías y l ibertades, cabe preguntarse también si se puede hablar de democracia plena, cuando quienes dicen representarnos en los hechos encarnan los intereses de una minoría privilegiada, cuando se actúa con escasa equidad e imparcialidad, con arrogancia, con alejamiento o haciendo la vista gorda sobre temas básicos o cuando se permite que fallen resortes esenciales de la justicia social, cuando se malogran los pilares fundamentales del Estado de Derecho, el formal y el material, en la conducción del país y en la resolución de los problemas y dificultades que atañen a la población de a pie, a la gente real que vive de un salario o una pensión.





lunes, 11 de marzo de 2013

VOLVER



Anoche, disfrutando y emocionándome otra vez con la película de Pedro Almodóvar “Volver”, recordaba el verano de 2005. Julio exactamente.
Veranos inclementes los manchegos. Ardor que penetra por los huesos y que derrumba hasta a los más valientes. Luz cegadora en un cielo que recupera su inmenso azul en los amaneceres y cuando el sol, al atardecer, emprende su diario y cansino viaje.
 Los veranos en Albacete capital son, al menos para mí, insufribles. El mundo despierta muy de mañana al cobijo del frescor matutino para después refugiarse  en la protección de su  guarida. Tiempo de largas y formidables siestas. De libros esperando su lectura, de persianas  caídas intentando atrapar el  casi imperceptible  frescor de la penumbra. Calles solitarias  inundadas de un fuego abrasador que devora la mínima energía que   el calor no había osado robar. Casi agradecida, la gente busca la sombra en busca de una brisa que no llega  de un mar distante y ajeno a la llanura manchega. Calma absoluta y agobiante. Suspiros estrangulados por  un silencio resignado.
Recuerdo que en uno  de los veranos que pasé en la tórrida Al-Basit vino a visitarme mi amiga  Rita.
Desde su   lluviosa y fría Holanda era imposible pensar que el verano mesetario en nada se le parecía al que ella   acostumbraba. A las cuatro de la tarde se le ocurrió  la indigesta idea  de  salir a tomar algo. A pesar de mis advertencias y súplicas en las que le explicaba que a esa hora la ciudad era un cementerio, que las piedras emanaban fuego, que la sofoquina era irresistible y que no veríamos  ni una sola alma en la ciudad, se empeñó en la aventura. (Un suicidio canicular era lo que yo sentía).
Efectivamente, salimos.
Nada más abrir la puerta de la calle, Rita se sintió abofeteada por la tremenda ola de altísima temperatura que se quedó  parada e instalada en su cara. Su rostro, de suavidad casi nórdica, enrojeció súbitamente y su voz  se transformó en un susurro.
Apenas pudo farfullar un “tienes razón” y regresamos a casa.

Por mucho que lo intento, no consigo recordar qué  motivos  me habían retenido en  ese Albacete  sediento del verano del 2005. Verano tórrido como casi todos, donde el clima nos castigaba  con  sus  indecentes cuarenta y cuatro  grados en las horas centrales  del día.
Carmen Sánchez estaba pasando unos días en la  Nueva York de La Mancha, como muy bien la había definido Azorín. Y es cierto, porque, encaminando la ciudad desde la bajada  de  Chinchilla, Albacete recorta en el horizonte su silueta más neoyorquina. Su familia y especialmente  su madre, Faustina, albaceteña de El Jardín, eran  el único objeto de su visita. Vivía en Barcelona y, siempre que podía, se acercaba a la ciudad manchega para compartir  con ella días de cercanía y añoranzas.
Se me ocurrió la estrafalaria idea de hacer un recorrido por la que denominamos la Ruta de Don Quijote. Un itinerario muy “sui generis”, ya que, en realidad, nos lo inventamos  sin seguir los más mínimos criterios  geográficos, históricos, literarios o documentales. Y decía estrafalaria, porque a nadie en su sano juicio se le  habría ocurrido tal cosa en el mes de julio y en Albacete.
La realidad  es que  ninguna de mis compinches de aventura puso la más mínima objeción, ni siquiera Faustina, ejemplo de  sensatez y discreción. Sé que a  ella, más que a nadie, le sedujo la idea.
Ambas, madre e hija, aceptaron con agrado aquel loco  viaje.

Quedamos en madrugar para evitar el sofoco veraniego  y, reconfortados con el aire acondicionado de mi Fiat  Stylo, emprendimos la  marcha sin un destino claro, aunque sí seguros de no perdernos dos emblemáticas ciudades manchegas: Villanueva de los Infantes y Almagro.
Curiosamente, la  nacional  322 que nos llevaba en dirección a Alcaraz nos regaló la aparición inesperada de El Jardín, minúscula patria chica de Faustina. Nada mejor que desayunar en el bar merendero de la carretera,  a la sombra de la parra que cubría la entrada  y con la música monótona  y tontorrona del volar incontrolado de miles de  sudorosas y fastidiosas avispas.
Café con leche y sabrosas tortas de manteca y la recuperación de Faustina de parte de su infancia.  Una infancia ya lejana en el tiempo y que anidó de nuevo en su memoria. Remembranza  histórica recuperada  a través de un paisaje que se colaba a través de las cortinas  y de aquellas tortas que le devolvieron lejanos sabores   que, aunque antiguos, los sintió como nuevos y más vivos que nunca.
Creo recordar que,  a pesar de que El jardín está a pocos quilómetros de Albacete, Faustina nunca había vuelto a su aldea natal. No sé si fue simple indolencia o el rechazo a un viaje simbólico al mundo de los ancestros que  sabía que no era ya el suyo. Creo poder afirmar que, de regreso,  la Fausta se llevó sus recuerdos a cuestas y para siempre.
Almagro nos recibió  envuelto en  un enorme ajetreo. Un ir y venir de gentes, electricistas, técnicos de sonido,  focos, cámaras, atrezzo, enormes tráileres habían tomado posesión de la ciudad.  Almagro presumía, y con razón y orgullo, de su preciosa plaza flamenca  y de su histórico y bien conservado corral de comedias. Hoy  día constituye el único ejemplo de teatro íntegramente conservado en el mundo de  esta clase de  espacio escénico tan frecuente en la España del XVII.
No era el Festival Internacional de Teatro Clásico que cada año se celebra en esta ciudad  manchega el que había invadido sus calles y plazas; eran el director  internacional de cine del pueblo vecino de Calzada de Calatrava, Pedro Almodóvar, y todo su equipo que estaban rodando su película “Volver”. Junto a  Pedro estaban Penélope Cruz, Lola Dueñas, Blanca Portillo (a la que no vimos), Yohana Cobo y se supone que Carmen Maura y Chus Lampreave a las que tampoco tuvimos la oportunidad de admirar y de las que me considero un sumo admirador, así como de todo el cine de Almodóvar.  Sus estrenos son siempre para mí,  además de un acontecimiento cultural, un regalo que espero ansiosamente.
Para dos cinéfilos de pro, como éramos y seguimos siendo Carmen y el que escribe esta pequeña crónica, perdernos  el rodaje de la película era  un pecado de imposible absolución. Así que, ni cortos ni perezosos, nos acercamos a esa enorme amalgama de focos y cables que cubría la puerta de una hermosa casa labriega en la que supuestamente vivía la tía Paula, o sea, Chus Lampreave.
En aquella época no tenía aún la cámara de la que dispongo ahora y que habría llamado excesivamente la atención del equipo de seguridad del rodaje de la  película. Una pequeña cámara digital Pentax, no mayor que mi mano, derecha era suficiente.
En la escena que estaban rodando, Penélope Cruz acompañada de Lola Dueñas, su hermana en la ficción cinematográfica y Yohana Cobo, su hija en la cinta, llegaban desde Madrid para visitar sorpresivamente a la tía Paula.
Penélope aumentaba su trasero con una prótesis que engordaba su figura, más al estilo de las mujeres lugareñas, llamaba a la puerta de la tía seguidas por su hija y hermana. Vestida con una falda de cuadros y un jersey  ajustado de color violeta gesticulaba antes de  hacer sonar la aldaba de la puerta de entrada. Su cabello recogido en forma de un indolente moño aportaba más veracidad a la escena.
Lola Dueñas, nerviosa,  fumando cigarro tras cigarro, trotaba de un lado a otro antes de entrar en escena. Pedro, oculto en algún lugar del rodaje daba las órdenes  necesarias y  gritaba “acción” y  corten  reiteradamente. Es sabido que su perfeccionismo  llega a crear un clima de angustia en los actores que trabajan en sus películas. No sin razón, está considerado el  George Kukor español, por extraer de las actrices  todo lo mejor de ellas.
El cine convierte en magia lo anodino, nos hace viajar a nuestro interior en busca de paisajes ocultos y crea identidades que desconocemos y, cuando  disfrutamos de una escena cinematográfica, bien repanchigados en la butaca de nuestro cine, olvidamos el trabajo de horas,  días y meses que lleva consigo  la filmación de una película.
Escondidos desde nuestro poco disimulado escondrijo, embelesados y silenciosos, contemplábamos  el desarrollo de la escena con una Penélope Cruz entregada y siempre reforzada en su papel por las magníficas Lola Dueñas y Yohana Cobo. Después de cada toma, vestuario, maquillaje y peluquería acudían a  retocar a nuestras estrellas.
Nos habríamos quedado allí toda la tarde, pero el día languidecía y  Faustina, ajena a nuestras veleidades cinematográficas, paciente, nos esperaba cercana a la calle del rodaje.
“Volver” me devolvió un  recuerdo ya lejano que se sumó a la emoción de la propia película y   una  mirada más cercana me la hizo sentir más mía, nuestra, universal.

Con un sol más clemente, emprendimos el  retorno por las Lagunas de Ruidera. El paisaje dibujaba en  los campos de  Munera extensos mares dorados de mieses ya segadas. La luz crepuscular lo matizaba tanto que heló las palabras. En silencio presentíamos la cercanía de la llegada: Albacete.

(José Luis López  Terol, Barcelona, 9 de marzo de 2013)













martes, 22 de enero de 2013

Vídeo de Vídeo de China 2007

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miércoles, 25 de julio de 2012

Reconstruyendo a Faustina (Por Carmen Sánchez Cabezuelo)




Mi madre tiene 84 años, pero ella ya no se acuerda. Tampoco puede contarnos sus recuerdos, porque se le han ido borrando. Mis hermanos y yo nos hemos convertido en su memoria y escribir estas líneas es un homenaje a ella, a su vida, a su grandeza. Para mi madre las estaciones del año no guardan relación ni con la luz ni con las temperaturas. Su calendario vital tiene su lógica: debe ser verano, porque paladea con verdadero placer los cucuruchos de helado de chocolate; ahora, si se le pregunta en qué mes estamos puede contestar sin titubear, octubre o noviembre.
Escuchando las respuestas que da al médico para evaluar su nivel y grado de deterioro cognitivo yo me sonrío con tristeza a su espalda. Su dignidad y firmeza en las respuestas parecen salir de la boca de un oráculo. Como no recuerda el año en que vive mira de frente al Dr. y contesta "1412". Todas las preguntas son de fácil respuesta y ella no tiene la mínima duda de que a todas responde bien, aunque casi todas sus contestaciones son la manifestación clínica de su estado mental.
Mi madre ha sido toda su vida un ser absolutamente terrenal, con pocas manifestaciones físicas de ternura, pero todos sabíamos que tras su máscara de frialdad se escapaban unos sentimientos de entrega y solidaridad de los que ella nunca fue consciente. Las cosas se hacían porque había que hacerlas y las decisiones se tomaban porque era lo mejor para los suyos.
Mi madre es prácticamente analfabeta, lo que nunca fue obstáculo para que leyera las novelas de Corín Tellado y fuera durante muchos años una gran experta en hacer "sopa de letras". Era de una paciencia bíblica, virtud que ejercitó a lo largo de muchos y penosos años que mi padre vivió, enfermo y dependiente. Sin ella él era una sombra vagando sin horizonte.
Mi madre era la brújula que siempre marcó el rumbo correcto. Dócil, pero nunca servil. Pobre, muy pobre, pero siempre generosa. Toda su vida ha sabido adaptarse a las circunstancias del momento y jamás ha salido de ella una queja. Para nosotros, sus hijos, no ha habido mejor ejemplo de honestidad y honradez. Ahora, cuando su mente se aleja, cuando los días y los años pierden su orden, cuando juntas construimos trozos de su vida  me siento como una pieza de puzzle buscando su sitio.
No lo he dicho: Mi madre se llama Faustina y la suya se llamaba Társila. Porque de eso no se ha olvidado aún.

martes, 27 de marzo de 2012

GAZPACHITO ( Por José Luis López Terol)

(Un pequeño extracto de un cuento que estoy escribiendo, inspirado y basado en la realidad. Agradecido espero conocer vuestras opiniones y críticas)

 
Aunque   apenas tenía cinco años, con sólo mirar la cara de sus padres, sabía  que refugiarse en su habitación, dejar casi de respirar para pasar desapercibido, acurrucarse en un fuerte abrazo con  su perro Napo y  esperar a que pasase la tormenta de gritos, insultos y descalificaciones, eran su única forma de  supervivir.
Gazpachito era un niño guapo.
   Un poco pequeño para su edad. De constitución fuerte y robusta aunque de semblante melancólico. Sus rubios cabellos sucios y  desordenados caían  de una forma atropellada por cualquier parte de su cara tapándole sus pequeñas orejas y hasta  los ojos.  Enormes  y  de profundo color negro los abría con  trabajo; con cansancio. Era con ellos con los que hablaba. Emanaba tristeza por todos los poros de su mal alimentado  cuerpecito.
Acariciaba a su Napo sin dejar de temblar, muerto de miedo, horrorizado ante la espera de que se abriese la desvencijada puerta de su cuarto y entrase su padre, demacrado, casi sin aliento, apestando a bebida barata y casi derrumbándose, agarrando fuertemente la correa con la que tantas veces lo había maltratado.
Napo, su pequeño  Shih-Tzu, había dejado de menar la cola. Le miraba a los ojos y  apretaba aún más su menudo y lanudo cuerpo hasta fusionarse con él. Agradecido, le lamía las manos y, sin palabras, entendía a su pequeño amo en el lenguaje que ambos habían creado.
Una lengua ausente de palabras, basada exclusivamente en el afecto y la caricia y, desdichadamente, en los silencios. Silencios de miedo, de  angustia, de desesperación y huida. Un lenguaje nacido directamente de los códigos que elaboran el corazón y la ternura.
Napo lo seguía mirando al mismo tiempo que vigilaba la puerta de la habitación
De origen tibetano, era un perro sagrado que se sentía como un  fiero león. Y, aunque fuera un diminuto leoncito, más de una vez había demostrado su bravura  defendiendo a su amo. Además, sus estridentes ladridos eran la mejor manera de alertar a los vecinos. Ladridos que Napo, en su ingenuo  entender, identificaba con los  fieros  rugidos del rey de la selva.
Gazpachito apenas había ido a la escuela y escasamente  conocía la relación con otros niños. Su  corta infancia se  había desarrollado entre las cuatro paredes de una casa  habitualmente abandonada. Casi siempre solo hasta que, milagrosamente, llegó Napo, porque en uno de los escasos momentos de lucidez y culpabilidad de sus padres se lo habían regalado como saldando una deuda impagable.
Apenas hablaba y desconocía  las palabras que pudieran vincularlo al mundo que lo rodeaba.
Su mundo era otro. Interior y callado, construido con el salado sabor de sus lágrimas. Sus únicas palabras eran sus afectos y sus miedos y una mirada  casi siempre errante. Sin saber leer,  sabía intuir  a través de  los cortos años de  su propia vida ese repetido texto en el que sólo existían voces, insultos,  agresiones, dolor  y un miedo profundo e incontrolable.
Esta vez la puerta no se abrió.
Depositó a Napo en el suelo y se dirigió temeroso hacia la sala en la que sabía  que estaban sus padres. Napo le siguió indeciso, olisqueando más allá de sus posibilidades, buscando intuitivamente a través de su olfato cómo proteger a su  desvalido dueño. En su corto camino hacia la cocina  sintió crecer y emerger de él un león fiero que con su aterrador rugido paralizaría hasta el vuelo de las  aves más rapaces.  
-¡ Guau, guau, guauuuuuuuuuuuuu!
Gazpachito lo miró atentamente  y  con una inmensa  ternura su mente elaboró una respuesta que fue incapaz de pronunciar.
- Sí, tú Napo, león. Fiero. Valiente
Sintiéndose adulado, Napo  aceleró la marcha. Deslizó la puerta entreabierta de la cocina con  su chato hocico y la dejó abierta plenamente.

martes, 6 de diciembre de 2011

IDENTIDAD, CULTURA Y POLÍTICA: JUAN FRANCISCO CORTÉS SANTIAGO


Juan Francisco Cortés Santiago nace en Marignane (Francia) de padres franceses de origen español. Tras finalizar sus estudios secundarios e iniciarse en el mundo universitario en la Universidad de Aix-en-Provence, se instala en España donde se licencia en Filología Francesa por  la Universidad de Granada. Dos años más tarde se diploma  en Estudios Avanzados en Filología Francesa, especialidad Traducción Literaria por dicha universidad. Un tiempo después obtiene la Licenciatura  de Filología Hispánica por la misma universidad. Actualmente realiza estudios de Derecho en la UNED.
Como traductor ha realizado la traducción de la conferencia  “La entrada de España en la Comunidad Europea” y ha colaborado en el Congreso Internacional de Francés  celebrado en Granada “Le français: histoire, langue et culture face aux défis actuels”…etc.
Traduce  del francés al español, en el marco del DEA, la novela autobiográfica de la escritora francoargelina  Jamila Aït-AbbasLa Fatiha, née en France, mariée de force en Algérie “.
En la actualidad trabaja como profesor de secundaria en el Área de Filología Francesa en  Andalucía.

¿Cuáles son tus orígenes?
Nací en Francia en el seno de una familia de origen español con raíces almerienses, murcianas y gitanas. Concretamente mis bisabuelos salieron de España hacia Argelia, Orán principalmente, a principios del siglo XX. Mis abuelos nacieron en Argelia, y en la década de los 50, mientras que parte de mi familia volvió a España, mis abuelos se trasladaron a la zona de Marsella, donde nacimos mis padres, mis hermanos y yo.
¿Qué influencia ha tenido  en la  construcción de tu identidad los orígenes de tu familia?
Por el efecto diáspora, mi familia ha conservado muchas de sus tradiciones y su mentalidad casi decimonónica. Lo más patente en mi educación ha sido la conservación del idioma español, a pesar de ser de tercera generación.
¿El hecho de  pertenecer a una comunidad con sus características particulares y  siendo francés de tercera generación ha influido  en tus sentimientos como ciudadano o en tu visión de la vida?
Creo que en gran parte. Por un lado, el ser francés de tercera generación y español por mis raíces me ha desligado de alguna manera de esa pertenencia a una ciudad o a un pueblo, en definitiva, a una tierra. En ese sentido, mis lazos con el mundo son más familiares, culturales, afectivos e incluso lingüísticos que geográficos.
¿Cuál es tu punto de vista de España desde tu perspectiva francesa?
Cuando era pequeño sentía una profunda nostalgia por España. De hecho, el primer recuerdo que conservo de mi infancia fue en un mercado, de vacaciones en Almería, tendría unos dos o tres años. Recuerdo a mi padre diciéndome “¿Ves como aquí la gente habla como nosotros?”. Se refería al idioma. Le contesté, desde mi ingenuidad, “¿Entonces por qué tenemos que volver a Francia?”. También recuerdo con mucha ternura al grupo Mecano. Tenía idealizada a España, y no soportaba que se metieran con “mi país”. Desde que me vine a vivir a España, las cosas han ido cambiado. Ahora soy consciente también de los defectos que este país. Desde mi lado francés, diría que a España le falta madurez y organización y que rebosa imaginación y creatividad.
 ¿Crees que la visión francesa de España está llena de estereotipos?
Yo diría que cada vez menos. Personalmente nunca tuve problemas por ser de origen español. Quizás algún comentario que otro, en el colegio, del tipo “¿te gustan los toros?”  o “¿en casa coméis paella?”. No me gustan los toros, aunque reconozco que los domingos, mi madre suele hacer arroz. Lo que sí es cierto, es que prejuicios, hay en todos los sitios, y supongo que ciertos franceses pensarán que aquí sólo nos dedicamos a salir de fiesta y a dormir la siesta.
 Llevas viviendo ya en España unos años. Desde el punto de vista que  te otorga este conocimiento ¿podrías deshacer tres tópicos  o estereotipos de Francia sobre España?
En primer lugar, aquí se trabaja tanto o más que en otros países. Lo que falla, en mi opinión no es el volumen horario, sino la calidad y la organización en el trabajo. Se pierde mucho tiempo en “contentar a la galería”, aunque éste es otro tema. Por otra parte, aquí hay más antitaurino que en Francia. De hecho, ciertas comunidades autónomas, como Canarias, han condicionado su práctica, y en Cataluña, la han prohibido. El tercer tópico es sobre el estilo de vida que llevamos aquí. Dejando a un lado la crisis que estamos viviendo, en España, al menos en las ciudades medianas y grandes, llevamos una vida totalmente europea con todas las comodidades que brinda un país occidental.
¿Cuál de ellos te afecta más?
Lo único que me molesta, es la generalización. Por lo demás, me siento muy orgulloso de mi pertenencia a la cultura española, con sus más y sus menos.
 Ahora, a la inversa: ¿podrías deshacer tres tópicos de España sobre Francia?
Creo que en España no se sabe que el humor francés puede llegar a ser muy interesante a la vez que sutil. Personalmente, tengo en mente a algunos humoristas franceses que aún recuerdo con intensidad. Por otra parte, a pesar de lo que se cree, el francés no es nada chovinista, al menos dentro de Francia. Allí, y creo que se debe a la inmigración masiva, el ser francés “de pura cepa” ha pasado a convertirse en un rasgo sin atractivo y eso se nota cada vez más en la cultura y en los medios de comunicación en general.
 Francia es un estado administrativamente muy centralizado. ¿Desde tu experiencia española cómo lo valoras?
Francia es un país centralizado a nivel político, aunque las Regiones, que son lo equivalente a nuestras Comunidades Autónomas, asumen ciertas competencias. Si comparo el bienestar de un francés a nivel de derechos y prestaciones administrativas, puedo asegurar que éste es mejor y más rápidamente atendido que un español. El hecho de que el principal foco de poder político esté concentrado no es incompatible con una desconcentración administrativa, para brindarle unos servicios más eficaces al ciudadano. Aquí todo está diluido, el poder político muy fragmentado, y eso no redunda en beneficio del ciudadano, sino que genera desigualdades y confusión.
¿Es entendible y tal vez posible un Estado de las Autonomías en Francia?
Rotundamente no. En Francia, las antiguas provincias del Antiguo Régimen estaban condenadas a la división y a la sumisión al poder monárquico y fue precisamente su “unificación” en un Estado más fuerte,  democrático y laico durante la Revolución francesa, lo que permitió su desarrollo como nación y el fin de los privilegios. Para muchos, en Francia, modernidad y democracia rima con centralismo.
Podríamos decir que España es una democracia todavía inmadura. ¿Como francés, podrías explicar esta frase?
Puedo explicarlo desde mi propia reflexión, que evidentemente se ha nutrido de mi experiencia francesa. Creo que una democracia asentada y madura no tiene problema de identidad, ni busca huir, ni se muestra vulnerable o manipulable por el politiquillo de turno. En una democracia madura, sentirse o no español no es un problema. En una democracia moderna, el asunto de la laicidad ya está zanjado. En una democracia madura, en definitiva, no se mira hacia el pasado, sino hacia el presente y el futuro. Lo que preocupa en una Democracia moderna y asentada es la Educación, las pensiones, el salario, la seguridad, la competitividad, en definitiva el bienestar.
¿Cuál son, según tu opinión, las diferencias ideológicas entre la derecha/izquierda española y la francesa?
Explicar la política desde el espectro derecha/izquierda es muy simplista y tal vez algo anacrónico. El origen de esta dicotomía se remonta a la Revolución Francesa de 1789, tras la cual, en la Asamblea Constituyente, los diputados más moderados se sentaban a la derecha, mientras que aquellos que deseaban cambios más rápidos y radicales se sentaba a la izquierda. En el contexto del Antiguo Régimen y el del siglo XIX, era entendible tal oposición puesto que los primeros defendían los privilegios del poder establecido y el predominio de las clases favorecidas, mientras que los otros defendían a los más débiles. Hoy en día, decir que la izquierda defiende a los pobres y la derecha al poder y a los ricos es, cuando menos, reduccionista. Tanto la denominada izquierda como la derecha tienden a defender el poder - su poder - establecido, hecho comprobado con las oligarquías formadas a raíz de la autonomización del Estado Español. Dicho esto, y empleando la terminología derecha/izquierda, una de las señas de identidad de la lucha entre la izquierda y la derecha francesa se centra  principalmente en el mantenimiento/fomento de las políticas económicas sociales, y la manera de integrar a las minorías derivadas de la inmigración. En España, la izquierda ha perdido su carácter “universalista” pactando con las diferentes fuerzas nacionalistas e independentistas y vendiendo un discurso de modernidad multinacional poco entendible y aceptable hoy en día. Por su parte, la derecha, en cuanto tiene ocasión, privatiza todo lo que puede privando al Estado del ejercicio de competencias cruciales, entrando en total contradicción con ese pretendido patriotismo del que tanto alardea.
Hablemos de emociones: ¿es fácil convivir con una dualidad afectiva e identitaria  sin caer en contradicciones?
Cuando era pequeño, todo era muy complicado. Por una parte, deseaba ser como los demás, cuando me visitaba un amigo, le pedía a mi madre que no me hablara en español. Por otra parte, me sentía de alguna manera desarraigado en Francia y tenía la mente orientada hacia España, era como la “Tierra prometida”. Sin embargo, desde que me instalé en España, he dejado de idealizar a España para verla tal como es, con sus puntos positivos y negativos. Además, me he ido reconciliando con mi parte francesa que rechazaba siendo un niño. Ahora puedo decir con total orgullo y libertad -no hay limitaciones más grandes que las que se pone uno mismo- que soy y me siento español y francés, con todas las contradicciones -y riquezas- que esta dualidad puede implicar.
Defender a ultranza  la identidad según el lugar de nacimiento implica crear enemigos que justifiquen este sentimiento (opinión del historiador italiano Paolo Ginzburg) ¿Qué opinas  de este tema?
Una frase muy acertada. La mecánica del nacionalismo se basa en la enemistad del otro, sin la cual no puede existir. Para que un nacionalismo tenga legitimidad, necesita unos motivos de diferenciación basada en la discriminación, el rechazo y la no aceptación por parte de quien uno se quiere separar. Motivos como el nazismo alemán o el apartheid sudafricano  en los que un pueblo, una nación, por el mero hecho de “ser” son discriminados en el mejor de los casos. Cuando esa discriminación no existe, hay que inventarla. De ahí la importantísima labor de victimización y discurso de crispación del nacionalismo voluntario.
 Define qué es para ti el “nacionalismo”.
Creo que hay dos nacionalismos diferentes. El primero, es el sentir de una comunidad de personas, que por el simple hecho de ser diferentes (por motivos étnicos, religiosos, lingüísticos, sexuales, sociales, económicos, etc.) han sido discriminados de alguna manera por otro grupo. Este nacionalismo es, en mi opinión, un grito de alarma, una reivindicación más que justificada. Estoy hablando de la comunidad negra de Sudáfrica bajo el Aparheid, de los judíos europeos o de ciertos pueblos duramente reprimidos en Europa oriental, como los armenios, los kurdos, o los griegos bajo el dominio otomano. Sin embargo existe otro nacionalismo, más reciente, que pone en tela de juicio principios tan democráticos como la solidaridad, la igualdad, o la sensatez, y cuyo principal fin es obtener el mayor poder posible para quien lidera ese nacionalismo. En ese sentido, se emplean argumentos - a menudo manipulados - históricos, lingüísticos e incluso económicos, para crear en el grupo meta la impresión de que está siendo rechazado, discriminado e incluso reprimido por el “grupo dominante”.
Volvamos al estado autonómico. ¿Crees que garantiza la igualdad de los ciudadanos en derechos y responsabilidades? ¿O más bien es una situación que debilita  y desequilibra al país?
Desde mi experiencia como docente, creo que el poder político, cuanto más disperso esté, más dejará lugar a desautorizaciones y confusión. A menudo se critica al poder central por no saber resolver los problemas de los ciudadanos. Por otra parte, las Comunidades Autónomas, en alguna ocasión, no se ponen de acuerdo a la hora de aplicar criterios comunes, - recordemos el caso reciente de los sistemas sanitarios vasco y riojano - lo cual no hace más que ralentizar y dificultar las prestaciones que un Estado debería poder asumir en todo momento. No olvidemos que todo el aparato institucional deber estar al servicio del ciudadano, independientemente de quien tenga que asumir las competencias.  El problema que tenemos en España es que, por motivos históricos recientes, se suele asociar centralismo con autoritarismo y descentralización con democratización. Eso es una falacia. Lo único que garantiza la vigencia de una democracia es una correcta separación de poderes,   principio que aún está por desarrollar en España. Además, para que una democracia sea efectiva y real, el ciudadano deber poder beneficiarse de todos los servicios y prestaciones que puede ofrecer el Estado. Y cuanto menos desconcentrada esté la maquinaria ejecutiva - y legislativa - en cuestiones importantes, más eficaz y rápidamente podrán prestarse esos servicios.
Estado autonómico igual a gestión eficaz y cercana al ciudadano. ¿Cuál es tu opinión sobre esta frase?
Organización, racionalización y agilidad son las claves para una mejor gestión al ciudadano. Multiplicar los focos de poder político no es la solución. La España de las Taifas ya pasó.
 Francia  cuenta con una larga experiencia democrática. La democracia española es joven y está aún asentándose. ¿Cómo analizarías este diagnóstico?
Bueno, es un hecho. El origen de las democracias europeas, exceptuando la particularidad del Reino Unido, se remontan a la Revolución Francesa. La sociedad española aún tiene que evolucionar, a su ritmo y con reflexiones constructivas. Hay que abandonar el discurso guerracivilista y la crispación en muchos temas. En todas las Autonomías, independientemente del color político, se han ido generando oligarquías caciquiles que recuerdan épocas pasadas. La cuestión nacionalista en un país que no tiene ningún problema en ese sentido también es un lastre que espero se vaya solucionando. Aunque tampoco se puede dejar de mencionar los problemas identitarios que han ido surgiendo en Francia a consecuencia de las olas de inmigración que se han producido desde la época colonial.
¿A qué elemento de  la cultura francesa no renunciarías por nada del mundo?
No me gustaría renunciar a nada. Aunque, si te tengo que dar una respuesta concreta, te diría que al idioma.
¿Y de la española?
Lo mismo.
¿Puedes acabar esta entrevista con un pensamiento, frase o reflexión sobre lo que tú eres: español y francés?
Si mi identidad fuera un lienzo, lo español el color amarillo y lo francés el azul, el lienzo tendría multitud de tonos: algunos bordes serían azules, otros, amarillos, mientras que lo esencial del lienzo contendría todos los matices del verde.